El Concurso del Carménère y Otras Cepas del Maule 2026 fue definido por un jurado que reúne ciencia, experiencia productiva, análisis sensorial, educación, comunicación y visión territoria.
En un concurso de vinos, el resultado suele concentrar la atención. Medallas, categorías, nombres que circulan. Pero antes de todo eso ocurre algo menos visible y mucho más decisivo: un proceso de selección donde el vino es observado desde múltiples ángulos, discutido con rigor y leído como expresión de un territorio.
Comprender quiénes están detrás de la selección permite entender por qué este concurso tiene peso y por qué sus resultados dialogan con la identidad real del Maule.
La dirección del concurso: custodiar el criterio
Toda evaluación necesita conducción. En este caso, la dirección estuvo a cargo de Irina Díaz y Alejandro Cáceres, responsables de resguardar el método, la coherencia de las categorías y la integridad del proceso completo.
Irina Díaz ha construido su trayectoria en la intersección entre investigación científica y patrimonio vitivinícola. Su trabajo con cepas ancestrales, publicaciones técnicas y proyectos de valorización territorial le permite leer el vino como una expresión cultural, biológica e histórica al mismo tiempo. Su rol como directora del concurso asegura una evaluación que reconoce la profundidad del Maule más allá de modas o estilos pasajeros.
Alejandro Cáceres aporta una mirada complementaria, profundamente analítica. Desde la academia ha estudiado la composición química del vino y la relación directa entre manejo agronómico, vinificación y tipicidad sensorial. En la dirección del concurso, su aporte fue clave para garantizar consistencia comparativa y rigor técnico, sosteniendo decisiones que pueden explicarse y defenderse.
Juntos, establecieron el marco desde el cual se evaluó cada vino: exigente, claro y alineado con el territorio.
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La mirada científica y académica: entender lo que la copa revela
Una parte esencial del jurado estuvo conformada por académicos e investigadores que han dedicado su carrera a estudiar cómo se construye la calidad del vino.
Marcela Medel Marabolí aporta una lectura sensorial fina, entrenada y profundamente contextualizada. Su trabajo con variedades patrimoniales de secano y conceptos como tipicidad y temporalidad sensorial permite identificar cuándo un vino expresa algo genuino del lugar y cuándo solo replica una forma.
Álvaro Peña suma décadas de investigación en compuestos fenólicos, metabolismo vegetal y química del vino. Su mirada permite ir más allá de la impresión inmediata, entendiendo la estructura, la estabilidad y la profundidad que sostienen la calidad en el tiempo.
Felipe Laurie aporta precisión técnica en fenólicos, oxidación y procesos de vinificación, áreas clave para evaluar consistencia, equilibrio y potencial de guarda.
Guillermo Pascual integra una visión que conecta patrimonio, sostenibilidad e innovación. Su enfoque permite leer el vino también desde su impacto futuro y su coherencia con prácticas responsables.
La experiencia productiva: el vino desde el viñedo y la bodega
Otra dimensión clave del panel fue la experiencia directa en producción, allí donde las decisiones se toman con tierra en los zapatos.
Pilar Miranda, reconocida por su trabajo con viñedos antiguos y vitivinicultura artesanal, aporta una mirada exigente sobre autenticidad, intención productiva y respeto por el origen. Su experiencia permite distinguir cuándo un vino es consecuencia de un proyecto coherente y cuándo responde solo a correcciones técnicas.
Elba Hormazábal Abarca, con una trayectoria sólida en vinos premium y liderazgo técnico, evalúa desde la precisión, el equilibrio y la consistencia productiva. Su lectura considera tanto la calidad sensorial como la ejecución enológica detrás de ella.
Patricia Rodríguez Jaure incorpora una visión donde técnica, identidad y relato conviven. Su trabajo con vinos de autor y su compromiso con el Maule permiten valorar proyectos que expresan territorio con personalidad propia.
La sensorialidad en contexto: el vino en la mesa y en la experiencia
El vino también se define en cómo se vive y se comparte. Esa dimensión estuvo representada por miradas formadas en el servicio, la educación y la experiencia del consumidor.
Leonor Soza aporta la visión del vino en mesa: equilibrio, armonía y capacidad de dialogar con la gastronomía. Su experiencia internacional y en cartas de alto nivel permite evaluar vinos desde su desempeño real frente al comensal.
Fernanda Valenzuela, desde su trabajo en educación y divulgación, conecta la calidad técnica con la comprensión del consumidor informado. Su mirada traduce complejidad en experiencia significativa.
Esta dimensión asegura que los vinos seleccionados no solo sean correctos, sino también comunicables y disfrutables.
La dimensión territorial y estratégica
El vino del Maule existe dentro de un ecosistema productivo, turístico y cultural más amplio. Esa lectura estuvo presente gracias a Manuel Flores, académico e investigador en industria del vino, innovación y enoturismo.
Su aporte permite evaluar los vinos también como parte de un relato territorial, entendiendo su rol en el desarrollo local y en la proyección del Maule como destino vitivinícola.
La mirada cultural y comunicacional
Finalmente, todo vino dialoga con el mundo a través del relato. Esa capa estuvo representada por Luis Campos, con décadas de trayectoria en periodismo especializado y participación en concursos internacionales.
Su mirada permite evaluar cómo un vino se inserta en una narrativa más amplia, cómo representa al país y al territorio, y cómo puede ser leído fuera de su contexto inmediato.
Una selección que se explica sola
El jurado del Concurso Carménère y Otras Cepas del Maule 2026 no fue homogéneo por diseño. Fue diverso por convicción. Ciencia, producción, sensorialidad, educación, territorio y comunicación se cruzaron en un mismo espacio para tomar decisiones informadas, discutidas y defendibles.
Conocer quiénes están detrás de la selección permite entender por qué este concurso trasciende la medalla. Porque cuando el criterio es profundo y compartido, el reconocimiento deja de ser un símbolo y se convierte en una señal.
Conoce los resultados en la Noche del Carménère 2026, este 17 de enero pinchando acá.

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